






- ¿Qué inquietud lo abocó a la música barroca?
- El interés principal es el repertorio mismo. Yo primero toqué el repertorio clásico para violín en la Filarmónica de Buenos Aires y demás orquestas. Lo que implica la producción barroca es la investigación del contexto de la música, o sea el marco histórico en el que fue compuesta. Hay que encontrar información de cómo esta música era tocada y cuál era su significado. Es un trabajo interesante que va al lado de la música, del trabajo instrumental, y que es muy enriquecedor.
- ¿Qué cualidades encuentra dentro de la música barroca?
- Hay períodos que me cuestan más, que no entiendo muy bien y personalmente me llegan menos. Por ejemplo el repertorio romántico, no lo critico, sino que no lo comprendo bien. El repertorio barroco creo entender mejor cómo está escrito y qué quiere decir. Con el clásico me pasa lo mismo, con la música hasta Beethoven. Creo que es una cuestión de afinidades, lo que a uno le sienta mejor y le gusta más, que es lo que da la motivación para estudiar.
- ¿Qué recuerdos tiene de su período estudiantil en la Schola Cantorum Basiliensis?
- La Schola Cantorum es una escuela bastante particular. Muchos de los profesores son también los directores más conocidos en el mundo de la música barroca. Por ello, hay un pasaje que se hace a menudo, que es el que hicimos la mayor parte de nosotros, del estudiante al profesional. En esta escuela empecé mi actividad, de modo que cuando iniciamos el Café Zimmermann, teníamos ya cada uno una vida profesional con directores como René Jacobs o Jordi Savall. Nosotros éramos amigos, además de compañeros, y el gusto y las ganas de investigar y trabajar juntos, fue lo que hizo que empezáramos a trabajar juntos. Luego hubo una cuestión de afinidad e interés por el repertorio alemán. Ya hace más de 10 años que tocamos juntos.
- ¿Cómo influyen las afinidades en la dinámica de trabajo?
- Favorecen al acuerdo básico, para avanzar en nuestro estudio. Obviamente siempre hay discusiones y alguna que otra pelea, pero con el tiempo nos hemos hecho amigos y espero que siga así.
- ¿Qué singularidad posee Café Zimmermann?
- Una cosa que lo caracteriza es la proveniencia de los músicos, que es muy diversa. Por lo general nos presentamos con músicos checos, norteamericanos, italianos, franceses y argentinos. Hemos tenido alguna producción en la que hemos llegado a contar doce nacionalidades. Aparte del lado anecdótico, tiene un atractivo interesante, que radica en que la gente que viene de países tan diferentes como puede ser la República Checa, Canadá, Argentina o Francia, tienen educaciones e idiosincrasias diferentes, maneras de pensar y expresarse. En general, hay un encuentro de culturas y en algunos casos choques, discusiones por malentendidos de la manera de expresarse de un pueblo a otro, que las mismas palabras quieren decir cosas diferentes. De todos modos es una característica muy enriquecedora. Yo coordino las iniciativas de todos los integrantes y creo que esa es la característica más importante del grupo: la interpretación no está construida en torno a una sola persona, sino que es realmente una coproducción. Es muy democrático.
- ¿Cómo ve posicionada la música barroca hoy en día?
- El mundo de la música clásica y otra música es cada vez más variado. Cada vez hay más gente y más posibilidades de hacer lo que uno tiene ganas. Inclusive, por una parte hay una especie de deserción muy aguda; un músico va a buscar las diferencias de estilo entre dos ciudades que distan a 100 km o la misma ciudad a 30 años de diferencia, lo cual implica un grado de especialización y detalles muy grande. Hay otros músicos que van a tocar maravillosamente una pieza de Bach al acordeón, lo cual implica una cierta libertad. Hay gente que es más rígida en cuanto a esto, que cree que hay tomar una posición y que las otras están mal. Yo pienso que cada uno hace lo que quiere. Hoy en día grabar un disco es una cosa muy sencilla, cualquiera que realmente lo decida puede hacer un disco y editarlo.
- ¿Hay un auge de la música barroca?
- En Europa lo hay. Hay también un efecto, que hace hasta unos 15 años la música barroca era como un mundo aparte en el cuadro de la escena musical europea. Ahora la ópera barroca es parte de la programación impuesta en cualquier casa de ópera importante. Y también empieza a haber grandes orquestas, como la Berliner Philharmoniker, que cuando hacen una pieza barroca se preocupan por utilizar arcos barrocos. Hace 10 años se hubieran reído de esta idea, les hubiera causado gracia y la hubieran despreciado. Pienso que el hecho de la presencia de la música barroca, la experiencia y el asentamiento de esta manera de tocar, ha hecho que grandes músicos que en una época jamás se hubieran interesado, se interesen hoy en día.
- ¿Qué proyectos le esperan a Café Zimmermann?
- A partir de este año estamos en residencia en el gran teatro de Aix-en-Provence, una casa de ópera magnifica que nos acoge y nos da una gran posibilidad. Entonces en este cuadro tenemos proyectos orquestales y de ópera. Terminamos el último disco de la serie de seis discos dedicados a Bach, que saldrá a fin de año; el final de un largo proyecto y un gran ciclo. Nos seguiremos dedicando a la música alemana y la música que vino después de Bach, los hijos de Bach y el joven Mozart por otro lado. Nos estamos abriendo a la música vocal y a la música italiana, el barroco tardío particularmente. Estamos preparando un programa titulado “Todo menos Vivaldi”, que consta de música barroca de la época de este compositor, que tiene tanta calidad como la de Vivaldi, pero es menos conocida.