




- ¿Cómo se siente trabajar con la Christophorus Symphonie Orchester por tantos años?
- Honestamente, ya puedo afirmar que es mi orquesta. No la fundé, pero venimos presentándonos hace ya más de treinta años. Cuando comenzamos era un pequeño grupo de estudiantes y con los años hemos construido lo que es hoy en día, una orquesta de aproximadamente cien miembros.
- ¿Qué tiene que decir respecto a la variada integración en cuanto a edades?
- Nuestra orquesta es totalmente mixta y esa es una de sus cualidades. Poseemos algo así como un “espejo de la sociedad”; hay gente en el colegio o que está por terminarlo, hay estudiantes profesionales, hay altos profesionales en otras carreras, como directores de compañías, doctores, etc. Cuando llegan a los ensayos, todos se concentran en la música y no hacemos ninguna diferencia de puestos. Yo soy tan importante como los jóvenes estudiantes; todos tenemos un mismo objetivo: trabajar en la partitura y el compositor.
- Se podría decir entonces que es una orquesta que brinda un gran entrenamiento para los músicos jóvenes, ¿no?
- Exacto. Muchos de los integrantes pasados han decidido profesionalizarse luego de su paso tras la orquesta y han obtenido grandes posiciones en el ámbito musical alemán, así como en el extranjero.
-¿Qué puede decirnos acerca del programa?
- Empezamos con Weber. Él es el fundador del género de la ópera romántica alemana, que comenzó con “El cazador furtivo”. “Oberón” posee una gran historia fantástica, a tal punto que eso ha condicionado su frecuencia en las casas de ópera actualmente. Pero su obertura es chispeante y joven. El concierto para violín de Brahms es uno de los tres grandes conciertos para para el instrumento. Creo que no se necesitan palabras para hablar de la quinta sinfonía de Beethoven, ¿verdad?
- ¿Cómo fue su transición de sus estudios de musicología y psicología a su actual profesión?
- El problema fue que no me gustaba pasarme horas en bibliotecas, leyendo y nada más. Me interesaba tocar, y de hecho mi primera carrera fue como violinista profesional. La dirección fue algo que se dio por casualidad.
- ¿Por qué abandonó su carrera como violinista?
- Llega un momento en la vida en la que uno debe elegir, no puedes hacer las dos cosas. Dirigir es muy difícil y muy demandante. Te paras en frente de sesenta o setenta personas y si no estas preparado, ellos pueden notarlo. Tal como sucede en la escuela, cuando tienes una maestra mala y la clase se dispersa.
- ¿Cómo ve a sus otros estudios reflejados en su trabajo actual?
- Creo que hay alguna influencia. Pero hay una gran diferencia entre estudiar psicología y practicarla. Como leer un libro y hablar sobre ese libro o ser un actor y pararse en un escenario y actuar. Pero creo que la psicología me ha dado ciertas claves para darme cuenta cuándo no debo exigir tanto sobre algo en particular, así como no hacer explotar ciertas situaciones. En definitiva, me ha ayudado a manejar conflictos. Hay muchos conflictos en orquestas con tanta gente, en una sola habitación y con mucho sonido. Siempre hay alguno que no estudió su parte, otro que se peleó con su novia, otro que piensa en su próximo examen. De todas formas, tenemos una excelente relación entre los miembros de la orquesta.

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